“La vendedora de ilusiones”
Fue así que apareció en su camino el primero de los asteroides. Era pequeño como el suyo y en la inmensidad de la noche, emocionado por haber iniciado el viaje, escribió lo siguiente:
Te amo y te extraño.
Jamás he visto tu rostro.
Jamás he tocado tu cara.
Mujer de mis sueños,
Vives en mi mente y recorres mi ser.
A veces creo que eres alga de otras aguas,
de otros mares.
Pienso en ti como el genio de una lámpara
que jamás podré frotar.
Y si sobre el ocaso me ves volar algún día,
es que quiero unir el cielo y el océano por vos.
Te amo y te extraño.
Jamás he probado tu boca.
Jamás saboreé la miel de tus labios.
Mujer de mis sueños,
vives en mi alma y recorres mi ser.
A veces pienso que eres la perla de un tesoro
perdido en la inmensidad del Atlántico.
Pienso en ti como la piedra preciosa
que jamás podré poseer.
Y si sobre la niebla me ves volar algún día,
es que muero de amor por ti.
Te amo y te extraño.
Tu amor me condenó a un insomnio eterno.
Alado creyó que era al fin el momento de acabar con esa condena y que su insomnio eterno, daría lugar a la realización de sus sueños. En ese instante, fue que lo sorprendió una mujer muy bonita y de particular sensualidad. Sus ensortijados cabellos negros brillaban muy fuertes en contraste con los rubios rayos del sol, y su tierna voz, fue como un gran remanso para los oídos de alado.
- Quién eres? - Preguntó el.
- Soy la vendedora de ilusiones - Respondió ella con una dulce sonrisa.
Alado no dudó ni un segundo en establecer conversación, a la vez que pensó: "Una vendedora de ilusiones….vaya, si es lo que he estado buscando todo este tiempo: una ilusión por la cual seguir viviendo, una ilusión que me renueve."
La ilusionista, al igual que Alado, hacía ya mucho tiempo que no establecía contacto con nadie. Habían pasado muchos años desde la última visita recibida. Y sintió que Alado venía a ocupar un gran vacío.
Ella vendía ilusiones y para venderlas necesitaba de alguien que quisiera comprarlas. Ese era su oficio y Alado cayó como anillo al dedo para sus fines.
La ilusionista comenzó a encariñarse con Alado y estuvieron juntos en el asteroide durante varios días.
Y Alado compró la ilusión. Comenzó a pensar en lo bello que sería la observación conjunta de las puestas de sol y en lo hermoso de ya no tener que regar a su rosa en soledad. Creyó que su recorrido había sido más breve de lo pensado y que al fin había hallado la felicidad. En ese momento, escribió lo siguiente:
Surgiste aquel día,
como resultado de mis largas noches de ensueño.
Y ya no pude contener por más tiempo,
el secreto que compartía con mi almohada.
El cristal de tu copa más bella,
contuvo los licores más pesados.
Y la arena de aquel antiguo reloj,
dejó de recorrer su camino.
Llegué a rendirme una vez más,
al amparo de tus brazos de seda.
Y me dejé llevar sin tregua,
sobre la alfombra mágica que tu corazón encierra.
Tu glamorosa estrella brilló por un tiempo,
más fuerte que el mismo sol.
Y tu opaca luna de otoño,
se convirtió en la luz más radiante de esos días.
Pero alado se equivocó. Su ilusión era ella. Y así como Alado jamás podría dejar de soñar, la ilusionista jamás podría dejar de vender ilusiones. Ella las vendía y se alimentaba de las mismas. Esa era su razón de ser, su esencia, su naturaleza y su objetivo en la vida. Podía ofrecer a Alado
todo tipo de ilusiones, pero no podía involucrarse de manera directa en ellas. Jamás podría ser parte de la realización de las mismas.
Y Alado se golpeó.
Pero también comprendió varias cosas que le servirían para lo que le esperaba a lo largo de su camino.
Aprendió que las ilusiones no se compran, ni se venden. Sólo se crean y sirven en verdad, cuando podemos concretarlas o actuar para que se materialicen. Entendió también, algo que creía olvidado: su corazón era delator. Y supo además que este no era su verdadero sueño.
Al despedirse, habiéndose dado cuenta del error cometido, lo hicieron con una misma frase, que brotó al unísono de los labios de ambos: "siempre me pasa lo mismo", dijeron.
Y alado partió en busca del segundo asteroide, mientras por lo bajo reflexionaba: "Todo es por algo, las cosas pasan por algo."